Aprendemos valores con Liza la tortuguita. Marina Pérez Hernández

Capítulo 7. El reencuentro

Pasaron los días y Liza volvió a su casa, muy contenta de haber aprendido tanto durante el tiempo que duró su viaje. Ahora cuidaba las plantas, reciclaba, ayudaba a sus amigos y comía muy sano. También había aprendido a cuidar su cuerpo, a expresar sus emociones y a respirar cuando estaba enfadada.

Sin embargo, había algo que la ponía muy triste... Echaba mucho de menos a su mamá. Por las noches, cuando se tumbaba sobre la hierba y miraba las estrellas, abrazaba el lazo rosa que le regaló su mamá, y suspiraba:

  • Mamá... Ojalá estuvieras aquí conmigo y vieras todo lo que he aprendido.
Liza recostada

Liza sabía que su mamá necesitaba estar lejos por su trabajo y que seguía queriéndola tanto como antes de marchar, pero era inevitable sentir esa emoción. Aún así, recordaba las palabras que siempre le decía:

  • Pequeña Liza, aunque no esté a tu lado, mi corazón siempre estará contigo.

Una mañana muy soleada y, como de costumbre, el gallo Perico despertó a Liza con sus cantos. Liza se levantó, colocó el lazo rosa sobre la cabeza y se sentó fuera de casa a desayunar. De repente, se acercó hacia ella una mariposa rosa y brillante que revoloteaba con sus pequeñas alas muy deprisa, hasta posarse sobre su nariz.

  • ¡Liza, Liza! ¡Tienes que venir a la plaza del bosque!
  • ¿Qué ocurre?
  • ¡Hay una sorpresa para ti!

Muy intrigada, Liza fue hasta la plaza y, cuando llegó, vio debajo de un gran árbol a un grupo de animales reunidos y sonriendo. Se acercó, se asomó de puntillas sobre sus patitas y entonces..., la vio.

Entre esa multitud, con su caparazón brillante, su piel verde y unos ojos tan grandes como los suyos, estaba su mamá.

  • ¡Mamá! - gritó, mientras corría a abrazarla.
Liza con su mamá

Y se fundieron en un fuerte abrazo.

  • ¡Mi pequeña Liza! ¡Cuánto te he echado de menos! ¿Cómo estás? - preguntó.
  • ¡Yo también te he echado mucho de menos! ¡Tengo tantas cosas que contarte!
  • ¡Y yo tengo una sorpresa para ti!

Un grupo de pájaros se posaron sobre el árbol y empezaron a cantar dulces melodías. Entonces, la mamá de Liza le entregó una caja a nuestra pequeña tortuguita, con una pulsera y una nota que decía: “Me quedo aquí para siempre”.

  • ¿De verdad? - preguntó Liza, con los ojos llenos de lágrimas.
  • Sí, hija mía, ahora voy a trabajar en el Bosque de los Colores, así que no volveremos a separarnos nunca más.
  • ¡Eso es genial!

De pronto, llegaron los amigos de Liza: el pato Willy, la ardilla Rita, la rana Trini y el castor Bruno.

  • ¡Hola! - saludaron.
  • ¡Hola, chicos! - respondió la mamá de Liza -. Muchas gracias por haber cuidado tanto de Liza este tiempo, sois geniales.
  • ¡De nada, para eso están los amigos! - respondieron.

Más tarde, Liza y su mamá regresaron a casa, se tumbaron sobre la hierba y, mientras el sol se escondía y las primeras estrellas aparecían en el cielo, Liza se acurrucó sobre el pecho de su mamá y le dijo:

  • Mamá, estos días he aprendido muchas cosas: a ayudar, a construir un puente, a controlar mis emociones, a cuidar de las plantas, a reciclar...
  • Estoy muy orgullosa de ti, Liza, te has convertido en una tortuga mayor y valiente.
  • Pero lo más importante que he aprendido es que no hay mejor sensación que la de estar con tu familia y con tus amigos.

Su mamá la abrazó muy fuerte y empezó a acariciarle la cabeza, hasta que las dos se quedaron dormidas. Ese día, Liza había aprendido la mejor lección:

“Con amigos y familia al lado,
siempre estarás acompañado”.

Liza y sus amigos
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