Al día siguiente, Liza despertó con una gran sonrisa recordando lo bien que se lo había pasado en el colegio. El sol brillaba entre los árboles y las mariposas se posaban sobre su nariz para saludarla.
- ¡Sigamos con el viaje! - exclamó Liza.
Caminando por el bosque, se encontró de nuevo con el castor Bruno.
- ¡Hola, Liza! - saludó con alegría - ¿Qué vas a hacer hoy?
- Quiero aprender a cuidar el bosque - respondió emocionada
- Sé que los animales necesitamos comer y respirar, igual que las plantas, porque somos seres vivos, pero muchas veces no las cuidamos...
Bruno asintió:
- Tienes razón, las plantas también necesitan cuidados: agua, luz del sol y tierra. ¿Quieres venir conmigo al “Jardín mágico” y ver muchas?
- ¿Qué es eso? - preguntó Liza, muy intrigada.
- Es un lugar con miles de plantas y flores que cambian de color por la noche.
- ¡Qué emoción! ¡Vamos!
Cuando llegaron, Liza quedó con la boca abierta: había girasoles gigantes, tomateras con frutos rojos, fresas jugosas, flores de muchísimos colores y animales regando las plantas.
- ¡Es precioso! ¿Puedo plantar algo? - preguntó Liza.
Bruno asintió y le entregó una semilla de lechuga y una regadera.
- Puedes plantar esta lechuga. Solo tienes que meter la semilla en la tierra, venir a regalarla de vez en cuando y esperar a que crezca.
Liza se puso manos a la obra, pero, cuando empezó a remover la tierra...
- ¡Qué asco! ¡Cuánta basura!
- Tenemos un problema - dijo Bruno - Las plantas no solo necesitan agua y sol... También necesitan estar en un lugar limpio para poder crecer.
- ¿Y qué podemos hacer?
- ¿Sabes qué es reciclar?
Liza negó con la cabeza.
- Reciclar es separar la basura para poder usarla de nuevo. El papel va al contenedor azul, el plástico, al amarillo y el vidrio, al verde.
- ¡Vamos a reciclar!
Después de una larga tarde limpiando el bosque, Liza se sentó a descansar.
- Gracias por enseñarme a cuidar las plantas y a reciclar - le dijo a Bruno.
De repente, salió la luna, se encendieron todas las luces del jardín y las flores comenzaron a cambiar de color.
- ¡Guau! ¡Qué bonitas!
Y, como por arte de magia, una pequeña luciérnaga brillante como las estrellas se acercó a ellos y les dijo:
- Gracias por limpiar nuestro jardín... Si todos lo hiciéramos, viviríamos en un mundo mucho más limpio y feliz. Ahora quiero enseñaros algo muy especial.
La luciérnaga agitó sus alas y voló hacia una colina que estaba al fondo del jardín, y Liza y Bruno la siguieron. Al llegar, se encontraron con algo que nunca habían visto: unos paneles brillantes y unas hélices gigantes que daban vueltas sin parar.
- ¿Qué es eso? - preguntó Liza, emocionada.
- Son paneles solares y molinos de viento que sirven para obtener energía limpia. El sol y el viento son recursos naturales que podemos usar para producir luz y calor sin contaminar. Por ejemplo, durante el día, el sol calienta los paneles solares y, por la noche, la energía que guardaron enciende las luces del jardín.
- ¿Y los molinos?
- Los molinos aprovechan la fuerza del viento, que hace girar las hélices y genera electricidad.
Liza se sentó pensativa.
- Entonces, ¿por qué no usamos siempre estas energías?
- Bueno, aún hay muchos lugares donde no se conocen bien o no se pueden usar todo el tiempo. Pero si aprendemos a ahorrar energía, podríamos cambiar muchas cosas - respondió la luciérnaga.
- ¡Yo quiero ayudar! ¿Qué puedo hacer?
- Puedes apagar la luz cuando no la uses, cerrar el grifo mientras te cepillas los dientes, no gastar tanta agua en la ducha, cuidar plantas y enseñar a otros a reciclar.
Bruno asintió:
- Las plantas, los animales y los humanos vivimos en el mismo planeta, y debemos cuidarlo como si fuera nuestro hogar..., ¡porque lo es!
La luna brillaba en el cielo, las flores resplandecían de mil colores y el Jardín mágico se llenó de vida esa noche gracias al cuidado de Liza, Bruno..., y todos los que querían un bosque más limpio y feliz.
Desde entonces, Liza empezó a poner carteles por todos lados que decían así:
“Si el planeta quieres cuidar,
aprende a reciclar”.
