Era ya de noche cuando Liza llegó a la casa de su amiga, la rana Trini, así que se despidió del castor Bruno dándole un gran abrazo.
- Muchas gracias, Bruno, por ayudarme a construir un nuevo puente y por enseñarme que, antes de enfadarme, tengo que respirar y contar hasta 10.
- De nada, ¡me encanta ayudar! - respondió mientras se despedía.
Liza llamó a la puerta y una voz muy suave y dulce sonó detrás de ella.
- ¿Quién es? - preguntó.
- ¡Soy Liza, tu amiga! - respondió.
Acto seguido, Trini abrió la puerta.
- ¡Hola, Liza! ¡Qué alegría verte! - exclamó - Entra.
Mientras cenaban, Liza le contó a su amiga todo lo que había vivido ese día: ayudó al pato Willy y a la ardilla Rita, enseñó a una familia de conejos la importancia de comer sano y repartir las tareas del hogar, construyó un puente después de fallar varias veces y aprendió la importancia de respirar antes de enfadarse.
- ¡Qué bien suena eso! - dijo Trini-. Yo también tengo que enseñarte algo.
Saltando, la ranita se acercó a una caja con un lazo rojo y la abrió.
- ¡Una tablet! - exclamó Liza, muy sorprendida.
- ¡Sí, me la han regalado mis papás! - respondió - Con ella podemos jugar, ver películas, escuchar música... ¿Te apetece que bailemos después en el porche?
- Mmmm..., es de noche, ¿no te da miedo?
- ¡Qué va! ¡Nos lo pasaremos genial!
Al terminar de cenar, Liza y Trini salieron fuera de la casita, pusieron canciones y empezaron a bailar bajo la luna llena... hasta que unos ruidos muy extraños comenzaron a sonar: “Uh, uh...”
- ¿Qué es eso? - preguntó Liza, asustada.
- Ni idea, pero no será nada importante - respondió la ranita mientras bailaba.
- Creo que deberíamos apagar la tablet y buscar alrededor de la casa.
Nada por aquí, nada por allá... Por más que buscaba, Liza no sabía qué podría ser, pero cada vez sonaba más fuerte y más cerca de ellas (“¡Uh, uh...!”). Mientras tanto, Trini seguía sin apartar la mirada de su tablet.
De repente, Liza vio cómo un búho gigante y muy enfadado se aproximaba volando hacia la ranita para atraparla.
- ¡Cuidado, Trini! ¡Entremos rápido en la casa! - gritó Liza.
Corrieron lo más rápido que pudieron y, una vez dentro, la ranita empezó a llorar del susto, desconsoladamente.
- Niñas, es muy peligroso salir solas de noche porque hay animales que pueden hacernos daño - dijo una hormiga que paseaba por allí.
- Lo siento mucho, no debería haber propuesto que saliéramos solas - sollozó Trini - y mucho menos, estar con la tablet sin fijarme en lo que pasaba a mi alrededor.
- No te preocupes, todos cometemos errores - respondió la hormiga - Ahora id a dormir, que mañana será otro día.
A la mañana siguiente, un ruido en la puerta despertó a Liza y a Trini... Era el cartero, que había venido a dejar una carta. Emocionadas, abrieron el buzón y había una invitación:
- Mi mamá no podrá venir..., dijo Liza, muy triste - Está trabajando en el extranjero.
- No pasa nada, vendrás con nosotros; al fin y al cabo..., ¡los amigos también se convierten en familia!
Liza sonrió al escuchar a Trini, porque, aunque echaba de menos a su mamá, le puso muy contenta sentirse tan querida por su amiga, así que se arreglaron y salieron de la mano de los papás de Trini hacia la Fiesta del Bosque.
Al llegar, todo parecía mágico: guirnaldas colgando de los árboles, globos flotando como mariposas y una banda de pájaros cantando canciones alegres.
- ¡Bienvenidas! - dijo un oso anciano - Yo soy Bubú, el anfitrión. En esta fiesta celebramos que hay distintos tipos de familia, y que todas son maravillosas.
Primero, se encontraron con el gallo Perico, que estaba con sus dos mamás.
- Os presento a mis mamás y a mi hermanito - exclamó.
- ¡Qué suerte tener dos mamás! - respondió Liza - ¡Y qué bonito es tu hermanito!
Luego vino el pato Willy con su papá pato y su hermanita. Más tarde, vino la ardilla Rita, que vivía con sus abuelos, sus padres y sus hermanos.
- Mi familia es como un equipo, nos ayudamos entre todos - dijo orgullosa Rita - Por cierto, Liza, ¿te gustaría venirte mañana conmigo al cole?
- ¡Por supuesto, estoy deseando conocer a todos tus compañeros!
Por último, la rana Trini presentó a su papá y a su mamá, y se sentaron todos juntos a comer, observando los diferentes tipos de familia que había en la fiesta. En ese momento, Liza se dio cuenta de algo: las familias eran distintas, pero todas compartían algo fundamental: el amor.
Liza solo tenía una mamá y, aunque ese día no podía estar con ella, tenía el amor de sus amigos y sabía que muy pronto volverían a estar juntas, así que sonrió y dijo:
“Mi familia es especial
y eso es genial”.
