Por la noche, Liza decidió visitar a su amiga la rana Trini que vivía en la charca del bosque, muy cerca de donde estaba ella. Caminó contenta por el sendero hasta llegar al puente que atravesaba el río, pero...
- ¡Oh, no! ¡El puente está roto! ¿Ahora cómo voy a cruzar? - dijo Liza llorando.
Justo entonces, apareció el castor Bruno, un viejo animalito muy sabio al que todo el mundo acudía cuando necesitaba su ayuda, y vio a Liza sentada sobre una roca.
- ¿Qué te pasa, Liza? - preguntó Bruno.
- Nada..., estoy triste - contestó.
- ¿Qué te ocurre?
- El puente está roto, no puedo cruzar el río para llegar a la charca donde vive mi amiga Trini... Y tenía muchas ganas de verla - contestó Liza, aún entre lágrimas.
- Es normal sentirse triste cuando algo no sale como esperábamos. Lo importante es contarlo y pedir ayuda cuando lo necesites.
- Entonces..., ¿no está mal sentirse así?
- Claro que no, sentirse triste es tan normal como sentirse contento, pero siempre hay que contarlo y buscar una solución. Dame un abrazo a ver si te sientes mejor.
Liza abrazó a Bruno, se limpió las lágrimas con sus patitas y respiró hondo.
- Ahora que estás mejor, busquemos alguna solución. ¿Has visto algún tronco de madera por el camino?
- Mmmm..., a ver, que piense... Pues justo esta mañana he construido una mesa con tablas de madera.
- ¡Vamos a cogerlas!
Poco después, Liza y Bruno llegaron al río con varias tablas de madera.
- ¡Son perfectas! - exclamó el castor - Veamos cómo ponerlas sobre el río.
Primero, pusieron una tabla muy larga sobre una roca del río, pero cuando se subían sobre ella, se tambaleaban y perdían el equilibrio.
- No funciona... - dijo Liza.
- Probemos otra forma - propuso Bruno.
Luego, pusieron dos tablas de madera sobre las piedras del río en forma de “V”, pero cuando caminaban hacia el extremo..., las tablas se hundían.
- ¡No vamos a conseguirlo! - decía Liza agobiada.
- No todo se consigue fácilmente - afirmó el castor - Pero no hay que rendirse, sino seguir intentándolo hasta conseguirlo.
- ¡Tengo una idea! - exclamó - Probemos poniendo las tablas en forma de cruz.
Intentaron de nuevo pasar y... ¡Funcionó! El nuevo puente era pequeño, pero firme, y serviría para que los animales del bosque cruzaran hasta que arreglasen el otro.
- ¡Lo conseguimos! - exclamó Liza.
Como ya estaba anocheciendo, el castor Bruno decidió acompañar a Liza hasta la casa de su amiga la tortuga Trini, pero, por el camino, comenzaron a escuchar un extraño zumbido que venía de un árbol.
- ¿Qué es ese ruido? - preguntó Liza asustada, mientras se acercaba a mirar.
De pronto, una abeja salió de una colmena y empezó a revolotear alrededor de Liza.
- ¡Quita, quita! - gritaba saltando enfadada sobre unas flores mientras corría- ¡No soporto a las abejas! ¡Pican y hacen mucho daño!
Cuando se alejó de ahí, la abeja volvió a su colmena.
- Liza, sé que te has asustado, pero no debes reaccionar así cuando te enfadas. La abeja no quería hacerte daño, solo estaba protegiendo su colmena.
Liza bajó la mirada al ver las flores aplastadas y suspiró.
- Tienes razón, es que cuando me enfado, no sé cómo calmarme...
- Te voy a enseñar un truco: se llama “La nube tranquila”. Cierra los ojos e imagina que tu enfado es una nube negra que se aleja mientras respiras profundamente.
Liza empezó a inhalar por la nariz y a exhalar por la boca hasta que se sintió mejor.
- ¡Muchas gracias, Bruno!
- Recuerda pequeña Liza... - dijo Bruno.
“Antes de enfadar,
primero debes respirar”.
