Aprendemos valores con Liza la tortuguita. Marina Pérez Hernández

Capítulo 2. Cuido mi cuerpo

Era mediodía y Liza empezó a tener mucha hambre, así que construyó una mesa con varias tablas de madera que había encontrado, cogió algunas frutas de la caja que le había regalado su amiga Rita y se sentó a comer.

  • ¡Qué rico! - decía.

Mientras se comía la última fruta, empezó a escuchar unos gritos que parecían venir de una madriguera, así que Liza, tan curiosa que era, fue a ver qué pasaba.

  • ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?

Como no contestaba nadie, decidió entrar a la madriguera y vio a una familia de conejos comiendo dulces y chucherías.

Conejos comiendo chuches
  • ¡Hola, tortuguita! ¿Cómo te llamas? - preguntaron.
  • Hola, chicos, me llamo Liza - dijo un poco avergonzada.
  • Encantado de conocerte, Liza - respondió papá conejo - siéntate a comer con nosotros, estás invitada.
  • Muchas gracias, sois muy amables... Pero, ¿no coméis frutas ni verduras?
  • Muy pocas, nos encantan los dulces y las chuches - contestó el conejito pequeño.
  • ¡Mamá, tráeme otro dónut! - pidió la conejita pequeña.

Cuando terminaron de comer, Liza se lavó los dientes y la mamá coneja estaba tan cansada de hacer las tareas de la casa, que dijo mientras bostezaba:

  • Hoy no haré nada más.

Y los demás conejos también dijeron:

  • Yo tampoco, que la casa se limpie sola.

Pero pasaron las horas y los platos no dejaban espacio para jugar sobre la mesa, la ropa sucia parecía una montaña y la basura apestaba toda la madriguera.

Mesa sucia
  • ¡Qué peste! - gritaba la conejita.
  • ¡No puedo jugar en la mesa! - lloraba el conejito.

Así que Liza propuso:

  • ¿Y si cada uno hacéis una tarea? Así terminaréis rápido y podremos jugar juntos.

Y se pusieron manos a la obra: el conejito recogió y lavó los platos, la conejita salió a tirar la basura y el papá conejo puso la ropa sucia sobre un cesto y la lavó.

En poco tiempo, la casa volvió a estar limpia.

  • ¡Qué rápido terminamos si todos ayudamos! - dijeron los conejitos.
  • ¡Somos un buen equipo! - dijo papá conejo - A partir de ahora, todos haremos algo.

Luego, Liza y los dos hermanos conejitos salieron a jugar fuera de la madriguera.

  • ¡Mirad hay una pelota! - gritó el conejito.
  • ¡Vamos a jugar al fútbol! - propuso la conejita con una gran sonrisa.
  • Pero..., si el fútbol es de chicos - respondió el conejito, algo confundido.
Jugando al futbol

Liza lo miró con calma y le dijo:

  • ¿Y por qué no podemos las chicas jugar al fútbol? ¿Acaso no soñáis los dos con ser buenos deportistas?

El conejito se quedó pensando..., y luego sonrió.

  • Tienes razón, ¡juguemos juntos para convertirnos en futbolistas famosos!

Después de un rato, Liza propuso cambiar de juego.

  • ¡Hagamos una carrera! Uno, dos... ¡Y tres!

Todos empezaron a correr, pero, a mitad de camino, los dos hermanos conejitos se detuvieron muy cansados.

  • ¡Ay…!, creo que no dormí bien anoche - dijo bostezando el conejito- me acosté muy tarde viendo la tele.

La conejita, por su parte, se quejaba de dolor de barriga.

  • ¡Puf...!, creo que he comido demasiados dulces.

Liza se preocupó bastante, así que se sentó frente a ellos y les explicó:

  • Cuidar nuestro cuerpo es muy importante: dormir, comer sano y estar limpios nos permite estar fuertes y contentos.
  • ¿Tú que haces, Liza? - preguntaron entusiasmados.
  • Me voy a dormir temprano, me lavo las patas antes de comer, como muchas frutas y verduras y luego me cepillo los dientes.

Los conejitos escuchaban con mucha atención mientras asentían con la cabeza y tomaban nota y, luego, fueron corriendo a contarles a papá y mamá conejo los nuevos hábitos saludables que habían aprendido.

Más tarde, Liza les enseñó el “Baile del cuerpo”, donde tenían que tocar la parte del cuerpo que sonaba en la canción:

Musica

“Yo tengo un cuerpo y lo voy a mover
desde la cabeza hasta los pies.
La mano, la otra mano,
mueve tus manos y muévete así.
El codo, el otro codo,
mueve tus codos y muévete así (...)”.

Musica

  • ¡Qué divertido! - decían riendo - ¡Hemos aprendido las partes de nuestro cuerpo!
Bailando

Liza sonrió y les recordó:

“Si fuerte queréis estar, comed sano, lavaos siempre y también descansad”.

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