Aprendemos valores con Liza la tortuguita. Marina Pérez Hernández

Capítulo 1. Liza quiere ayudar

Esta es la historia de una tortuga muy curiosa llamada Liza, que vive en un gran bosque llamado el “Bosque de los colores”. Tiene una piel verde brillante y un caparazón marrón que la protege cuando duerme o quiere esconderse, y sus ojos redondos y marrones parecen dos grandes botones que observan con curiosidad.

Mariposas, pájaros y flores

Liza siempre lleva un lazo rosa en la cabeza, ya que es muy coqueta y adora ir guapa. Además, es una tortuga alegre, amigable y generosa, le encanta ayudar a sus vecinos, vivir muchas aventuras y aprender cosas nuevas. Por eso, tiene tantos amigos: el gallo Perico, el pato Willy, la ardilla Rita, la rana Trini...

Todos viven en el “Bosque de los colores”, un lugar con árboles altos como rasca­cielos y tantas hojas verdes como animales viven en él. Este bosque también está lleno de flores de muchos colores (rojas, amarillas, moradas...), mariposas que revolotean alrededor de ellas y pajaritos que cantan felices desde que sale el sol.

Una mañana, el gallo Perico despertó a Liza, como de costumbre, con sus “¡quiquiriquí!”, pero ella sintió algo diferente..., ¡quería recorrer el mundo! Así que se colocó el lazo rosa sobre su cabeza y salió de su casita dispuesta a irse de viaje.

  • ¡Buenos días, vecinos! - saludaba emocionada.
  • ¡Buenos días, Liza! - le respondían todos los animales.

Bajando por un sendero, vio a su amigo el pato Willy intentando quitar una piedra que bloqueaba el paso del agua en el río.

willy el pato
  • ¿Te ayudo, Willy? - preguntó Liza.
  • ¡Ay, Liza, qué pesada es esta piedra! - respondió - ¿puedes empujarla conmigo?

Liza y Willy empujaron con todas sus fuerzas hasta que consiguieron mover la piedra y sacarla fuera del río.

  • ¡Gracias, Liza! - exclamó Willy mientras nadaba feliz río abajo.
  • ¡De nada, para eso están los amigos! - respondió Liza.

Se despidió del patito y siguió su camino muy contenta, hasta que se encon­tró a la ardilla Rita buscando desesperadamente algo debajo de un árbol.

  • ¿Qué estás buscando, Rita? - preguntó Liza.
  • ¡Han desaparecido mis nueces! - respondió la ardilla.
  • Te ayudaré a encontrarlas.

Buscaron en el árbol, entre las flores, entre las ramas... Pero no había nada.

Liza ayuda a Rita

Hasta que, después de pasar un buen rato buscando y buscando, encontraron un puñado de nueces detrás de un arbusto que se encontraba muy cerca de ellas.

  • ¡Aquí están! ¿Me ayudas a guardarlas, por favor? - preguntó Rita.
  • Claro que sí - respondió Liza.

Como agradecimiento, Rita le regaló a Liza una caja llena de frutas: había manzanas, peras, naranjas, fresas...

  • ¡Qué ricas! ¡Me encantan las frutas! - exclamó Liza.

Y en el fondo de la caja, había un dibujo con un corazón de color rojo dentro del cual ponía: “Te quiero, Liza, eres una gran amiga”.

  • ¡Muchas gracias, Rita! ¡Tú también eres una amiga genial! - respondió Liza mientras le daba un gran abrazo a Rita.

Esa mañana, Liza aprendió algo muy importante: cuando ayudamos a alguien, les decimos cosas bonitas y usamos palabras mágicas como “por favor”, “gracias” y “de nada”, nos sentimos muy bien. Y siguió su camino mientras tarareaba:

“Quien aprende a ayudar,
siempre amor va a encontrar”.

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