Esta es la historia de una tortuga muy curiosa llamada Liza, que vive en un gran bosque llamado el “Bosque de los colores”. Tiene una piel verde brillante y un caparazón marrón que la protege cuando duerme o quiere esconderse, y sus ojos redondos y marrones parecen dos grandes botones que observan con curiosidad.
Liza siempre lleva un lazo rosa en la cabeza, ya que es muy coqueta y adora ir guapa. Además, es una tortuga alegre, amigable y generosa, le encanta ayudar a sus vecinos, vivir muchas aventuras y aprender cosas nuevas. Por eso, tiene tantos amigos: el gallo Perico, el pato Willy, la ardilla Rita, la rana Trini...
Todos viven en el “Bosque de los colores”, un lugar con árboles altos como rascacielos y tantas hojas verdes como animales viven en él. Este bosque también está lleno de flores de muchos colores (rojas, amarillas, moradas...), mariposas que revolotean alrededor de ellas y pajaritos que cantan felices desde que sale el sol.
Una mañana, el gallo Perico despertó a Liza, como de costumbre, con sus “¡quiquiriquí!”, pero ella sintió algo diferente..., ¡quería recorrer el mundo! Así que se colocó el lazo rosa sobre su cabeza y salió de su casita dispuesta a irse de viaje.
- ¡Buenos días, vecinos! - saludaba emocionada.
- ¡Buenos días, Liza! - le respondían todos los animales.
Bajando por un sendero, vio a su amigo el pato Willy intentando quitar una piedra que bloqueaba el paso del agua en el río.
- ¿Te ayudo, Willy? - preguntó Liza.
- ¡Ay, Liza, qué pesada es esta piedra! - respondió - ¿puedes empujarla conmigo?
Liza y Willy empujaron con todas sus fuerzas hasta que consiguieron mover la piedra y sacarla fuera del río.
- ¡Gracias, Liza! - exclamó Willy mientras nadaba feliz río abajo.
- ¡De nada, para eso están los amigos! - respondió Liza.
Se despidió del patito y siguió su camino muy contenta, hasta que se encontró a la ardilla Rita buscando desesperadamente algo debajo de un árbol.
- ¿Qué estás buscando, Rita? - preguntó Liza.
- ¡Han desaparecido mis nueces! - respondió la ardilla.
- Te ayudaré a encontrarlas.
Buscaron en el árbol, entre las flores, entre las ramas... Pero no había nada.
Hasta que, después de pasar un buen rato buscando y buscando, encontraron un puñado de nueces detrás de un arbusto que se encontraba muy cerca de ellas.
- ¡Aquí están! ¿Me ayudas a guardarlas, por favor? - preguntó Rita.
- Claro que sí - respondió Liza.
Como agradecimiento, Rita le regaló a Liza una caja llena de frutas: había manzanas, peras, naranjas, fresas...
- ¡Qué ricas! ¡Me encantan las frutas! - exclamó Liza.
Y en el fondo de la caja, había un dibujo con un corazón de color rojo dentro del cual ponía: “Te quiero, Liza, eres una gran amiga”.
- ¡Muchas gracias, Rita! ¡Tú también eres una amiga genial! - respondió Liza mientras le daba un gran abrazo a Rita.
Esa mañana, Liza aprendió algo muy importante: cuando ayudamos a alguien, les decimos cosas bonitas y usamos palabras mágicas como “por favor”, “gracias” y “de nada”, nos sentimos muy bien. Y siguió su camino mientras tarareaba:
“Quien aprende a ayudar,
siempre amor va a encontrar”.
