En 2008, tuve el privilegio de iniciar mi carrera como profesor en el Instituto Ibáñez Martín de Lorca. Esta institución, ubicada cerca de la histórica estación de Sutullena, tenía un pasado fascinante y, a veces, tumultuoso, pero divertido como pocos. Durante mi tiempo allí, pude sumergirme en su rico legado, que incluía no solo mapas, sino también valiosas colecciones de libros, documentos y expedientes que abarcaban la vibrante historia de Lorca.
Fue dentro de estas mismas paredes donde finalicé mi tesis doctoral y experimenté la profunda satisfacción de concluir un trabajo de tanto esfuerzo. El ambiente lleno de historia y conocimiento dejó una huella indeleble en mí como educador. Agradezco especialmente a mis compañeros del departamento, con quienes compartí largos años de trabajo y colaboración, por enriquecer mi experiencia y por su compromiso con el legado cultural y educativo de nuestra comunidad, lo cual se refleja con orgullo en este libro que tengo el honor de que me hayan pedido prologar, pues, aunque ya no forme parte de su claustro, he de confesar que un trozo de mi corazón se ha quedado en él.
El texto ha sido elaborado por un equipo excepcional: María José Montoya Tárraga, profesora de Historia con licenciatura en Historia Moderna, Contemporánea y de América por la Universidad de Murcia; María José Gallego Romera, antes alumna y ahora profesora de Dibujo con grado en Bellas Artes por la Universidad de Granada y máster en Dibujo, Creación, Producción y Difusión; y Agustín Juan Bonillo, catedrático de Historia y director del departamento de Geografía e Historia, con licenciaturas en Historia, Sociología y Antropología, premio extraordinario de carrera en ambas disciplinas y Premio Nacional Fin de Carrera.
Este libro continúa una saga y traza una historia a través de los retazos de uno de los principales apoyos didácticos previos a la era informática: los mapas. En otros textos se han destacado otros elementos. Las investigaciones sobre el Gabinete de Física del Instituto de Lorca (1864-1883), realizadas por el Departamento de Física y Química del instituto, permitieron analizar los materiales utilizados en la enseñanza en el primer centro de enseñanza secundaria lorquino, del cual el IES Ibáñez Martín es heredero. Estos hallazgos son una demostración palpable de que las enseñanzas medias en Lorca tienen una historia que se interrumpió abruptamente en 1883, debido a la difícil situación financiera local, situación compartida en toda España y parcialmente consecuencia de la desamortización de los bienes de propios por la ley Madoz.
El nuevo Instituto, demandado por la población, fue fundado en 1928 durante otra dictadura, quizás menos controvertida, la de Primo de Rivera. Aunque no adoptó oficialmente la denominación de Instituto Nacional de Enseñanza Secundaria hasta 1933, cuando el Ministerio de Instrucción Pública, dirigido por don Francisco José Barnés Salinas, lorquino de origen, estableció 13 institutos en toda España, incluyendo el de Lorca. En reconocimiento a su labor, se decidió —aunque creo que nunca se concretó— que el Instituto llevara el nombre de su padre: Francisco José Barnés y Tomás, quien había sido profesor en el colegio de la Purísima, antecedente directo del centro.
Desde su re-fundación en 1928, el centro recibió diversos materiales y también heredó e integró otros, los cuales están siendo puestos en valor mediante su catalogación y estudio a través de un proyecto: H28, del que este libro forma parte. Este trabajo de arqueología educativa realizado por estos investigadores ha consistido en recuperar de los anaqueles y destacar la importancia de mapas que, debido a su claridad expositiva, continuaron utilizándose, a pesar de los avatares de la Guerra Civil y la posterior dictadura, como evidencia la eliminación de la franja morada de la bandera de España que indicaba su origen republicano en uno de ellos. En definitiva, con este proyecto, los investigadores han revalorizado significativamente la historia de la educación en esta región. Un logro del cual pueden sentirse profundamente orgullosos.
Domingo Centenero de Arce
