Llegados a este punto, es momento de reflexionar sobre lo que ha supuesto la creación y puesta en práctica del “Breakout Educativo: ¡Todos somos necesarios!” con el alumnado de 4.º de Educación Primaria.
Como se ha mencionado, el Breakout Educativo es una experiencia innovadora que requiere de una exhaustiva planificación y revisión constante durante su puesta en práctica, ya que debemos comprobar que los retos que lo componen se adaptan perfectamente a los elementos curriculares preestablecidos. En esta línea, cabe destacar que la parte más compleja del Breakout Educativo es la de la planificación y el diseño. A pesar de ello, si hacemos una buena estructura del que será nuestro Breakout Educativo, si se adapta a las necesidades y a las características de nuestros alumnos, tenemos la base ideal para poder ir planteando los retos de una manera más amena y entretenida.
Así, el papel del docente es el de creador del Breakout Educativo y guía del aprendizaje, pues supervisa que los alumnos desarrollen las tareas y que aprendan los contenidos de manera cooperativa y colaborativa, construyendo saberes.
Dicho esto, hay que reconocer los buenos resultados obtenidos tras la implementación del “Breakout Educativo: ¡Todos somos necesarios” durante el curso escolar 2021/2022. Desde que comenzamos la lectura de las instrucciones y a lo largo de la realización de los primeros retos los estudiantes estaban expectantes y con ganas de participar para conseguir la recompensa grupal final. Ellos sabían, desde el principio, en qué consistía la recompensa y que, aunque trabajasen en varios grupos cooperativos, era importante que todos los equipos consiguiesen resolver todas las tareas propuestas, ya que solo así alcanzarían el premio grupal. Así fue como mantuvimos la motivación, el interés y la implicación de los alumnos. Ellos eran conscientes de que la sesión de Breakout Educativo se realizaría al finalizar la unidad de Ciencias Naturales, pues los enigmas propuestos estaban relacionados con los contenidos que habían trabajado durante la misma. Por ello, algunos de ellos repasaban en sus casas y durante el recreo la lección para ser capaces de resolver los retos de forma rápida y efectiva.
En relación a los retos, se diseñaron tareas de distinta dificultad y variadas, pero que podían ser resueltas en pequeño-grupo, sin necesidad de la ayuda de la maestra. Esto era posible, ya que, previamente, se había distribuido al alumnado en grupos heterogéneos en capacidad y sexo, donde había alumnos tutores y tutorados, si fuera necesario.
Durante el transcurso del Breakout Educativo apenas hubo que realizar cambios, porque la fase de diseño fue muy completa y minuciosa. En las primeras semanas del curso, detectamos los conocimientos previos de los escolares y averiguamos cuáles eran sus centros de interés. Así, fue como se consiguió su implicación total y su afán por conseguir resolver todos los retos.
Asimismo, a lo largo de las sesiones, observamos cómo el alumnado, de manera innata, repartía roles de trabajo que facilitaban la resolución de las tareas. Los estudiantes dialogaban y llegaban a acuerdos, trabajaban de forma autónoma y en equipo, compartían impresiones, favoreciendo el aprendizaje activo, vivencial y significativo. Además, procuramos variar los enigmas, habiendo retos que suponían una reflexión profunda, otros eran de atención o relación de conocimientos, entre otros. De esta manera conseguimos que el aprendizaje fuera lúdico, atractivo, novedoso y transversal, pues abarcábamos contenidos curriculares de varias áreas. Así, el aprendizaje era globalizado e interdisciplinar, también se adaptaba a la resolución de situaciones sociales a las que el alumnado debe enfrentarse en la sociedad (tala indiscriminada de árboles, cambio climático…). Por ello, incluimos el aprendizaje servicio como recompensa final, pues quisimos que la acción de nuestros alumnos tuviera una repercusión a nivel de la sociedad (plantación y apadrinamiento de una planta autóctona en el Huerto Escolar). De esta forma, aunando todo lo mencionado, conseguimos realizar una experiencia educativa variada e innovadora, que despertaba la curiosidad de los alumnos, permitía que ellos mismos construyeran su aprendizaje relacionando la teoría y la práctica, en un entorno real y significativo.
Tras la puesta en práctica del Breakout Educativo, nos damos cuenta de que el profesorado necesita formación para poder desarrollar este tipo de actividades en las aulas. Por lo tanto, se requiere de implicación y una apertura de mente hacia nuevas metodologías, más actuales y activas, que se adaptan a la sociedad actual y del futuro. En ocasiones, pensamos que podemos utilizar en nuestras sesiones ejercicios lúdicos, pero estos deben estar perfectamente contextualizados, sabiendo responder a por qué utilizamos esas actividades y no otras.
También es importante que este tipo de actividades sean realizadas por, al menos, dos docentes cualificados y formados en metodologías activas y el buen uso de las tecnologías, ya que la ratio de alumnos es muy elevada (codocencia). Si esto fuera posible, se necesitaría la coordinación entre el profesorado, así como recursos materiales suficientes para llevarlo a cabo. Aquí es importante resaltar que el centro educativo, en su totalidad, debe contribuir al desarrollo de actividades que resulten motivadoras para el alumnado, que utilicen metodologías individualizadas y adaptadas a todos los escolares.
Por último, destacamos la satisfacción de los escolares con el trabajo bien hecho cuando resolvían los enigmas correctamente, sus caras de emoción, su forma de trabajar en equipo, la relación interdisciplinar entre el aprendizaje, la cooperación y la diversión. En el Breakout Educativo todos participaban, todos aportaban, todos eran necesarios para resolver los reto y todos aprendían, pues estaba planteado para que el éxito no fueran las pruebas, sino el resultado alcanzado en equipo, la posibilidad de aprender de una forma diferente, de desarrollar sus habilidades sociales, de respetar las opiniones de los demás, de saber trabajar en equipo, de dar servicio a la sociedad, de resolver problemas de la vida diaria… En definitiva, desarrollar los cuatro pilares de la educación que Delors (1996) estableció como aprendizajes básicos: aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a convivir.
